Nuestra historia: Nuestro por qué

"Si nos encanta hacer arte, ¿por qué no lo hacemos más a menudo?"

Esa fue una pregunta que nos impulsó a mi esposa Kimberly y a mí a sentarnos después de años de ignorar la respuesta y pensar más profundamente en por qué estábamos desperdiciando nuestros dones creativos.

A medida que seguíamos examinándonos a nosotros mismos y nuestra situación actual, comenzamos a darnos cuenta del hecho de que no responder la pregunta nos hacía más daño que bien.

Después de largas conversaciones en el carro (por alguna extraña y desconocida razón, mi esposa y yo tenemos la costumbre de tener las conversaciones más profundas en el carro, antes de ir a hacer ejercicio y esperarando a que el pre-entrenamiento haga efecto) y derramando algunas lágrimas, llegamos a la misma conclusión: debemos hacer más arte y comenzar nuestro propio negocio de arte.

Ese es el propósito de esta publicación, compartir con ustedes por qué llegamos a la conclusión de que el mejor curso de acción para nosotros era comenzar nuestro propio negocio de arte.

Cómo todo empezó

Ambos habíamos decidido ir a la mejor escuela de arte de Puerto Rico con un objetivo en mente: aprender a hacer arte, graduarnos y vivir de nuestras obras de arte del nivel de Picasso por las que sin duda todos lucharían y pagarían sumas extravagantes de dinero para tener nuestras obras maestras colgadas en sus paredes. Con eso, habríamos disfrutado del reconocimiento y las riquezas mientras explorábamos el mundo.

El plan era brillante, simple y bastante directo. ¿Qué podría salir mal?

Digamos que no incluimos en nuestra ecuación esta cosa llamada Vida. Como pronto descubriríamos, la vida tenía otros planes para nosotros.

Terminamos abandonando la escuela de arte y mudándonos de la isla a los Estados Unidos, donde comenzamos nuestra vida adulta juntos como pareja.

Poco a poco las cosas fueron encajando.

Ambos conseguimos buenos trabajos, carros en exclentes condiciones y un apartamento muy bonito ubicado en una comunidad decente, y los fines de semana íbamos a restaurantes.

Desde afuera, todo parecía ir bien, pero desde nuestra perspectiva, las cosas no lo estaban.

Sí, conocimos personas maravillosas que nos dieron dirección mientras estábamos en un país extranjero, aprendimos y exploramos cosas y lugares nuevos, y creamos algunos recuerdos agradables.

Todas esas cosas nos moldearon y nos ayudaron a crecer como adultos, por lo cual estamos agradecidos.

Sin embargo, algo estaba mal. Algo estaba faltando en nuestras vidas.

Ese algo era el arte.

Habíamos olvidado que el arte era nuestra pasión y lo que alegraba nuestros corazones.

Lamentablemente, hacer arte parecía un lujo que no podíamos permitirnos en ese momento.

Teníamos que seguir trabajando para conseguir dinero y pagar nuestras cuentas, y ciertamente el arte no nos ayudaría con eso, al menos eso pensábamos, así que lo ignoramos.

Sentíamos que todo lo que hacíamos era trabajar duro para los demás, atrapados en la rueda corporativa, la cual no nos gustaba en lo absoluto.

Queríamos construir algo que fuera nuestro, algo que pudiéramos trabajar juntos como matrimonio.

Decidimos que un negocio era una buena idea, pero después de probar algunas ideas de negocio no relacionadas con el arte, nada hizo "click" para nosotros.

Entonces decidimos olvidarnos de todo y regresar a Puerto Rico para estar con nuestras familias.

Estar cerca de nuestras familias realmente nos ayudó emocionalmente. Nos sentimos mejor pasando tiempo con ellos, teniendo aventuras, comiendo juntos y riendo. Por un tiempo, nos olvidamos de cómo nos sentíamos antes.

Sin embargo, todavía faltaba algo... pero ignoramos la respuesta que ya sabíamos era el arte y mantuvimos trabajos regulares, continuámos pagando nuestras cuentas y los fines de semana íbamos a restaurantes.

¿Suena familiar?

Terminamos haciendo lo mismo que en Estados Unidos, atrapados en la carrera de ratas, y no nos pareció bien.

Miramos a nuestro alrededor y vimos a otros haciendo lo que les apasionaba y no sólo notamos que estaban satisfechos (o parecían estarlo), sino que estaban haciendo dinero con su pasión.

¿Cómo así?

¿Podía uno hacer lo que le apasionaba y ganar dinero también? O sea... ¿Era eso siquiera legal?

Darnos cuenta de eso fue como recibir una bofetada en la cara. 

Después de muchas de esas conversaciones que sosteníamos mientras esperábamos en el carro a que hiciera efecto el pre-entrenamiento, tomamos la decisión: íbamos a hacer arte porque lo disfrutamos, e íbamos a correr el riesgo de operar nuestro propio negocio, y no cualquier negocio, un negocio de arte.

Ahora bien, déjame compartir contigo algunas de las razones por las que tomamos esa decisión. 

Invocando al dios de la suerte

Nos cansamos de ver a otros haciendo lo que les gustaba hacer, ya fuese a tiempo parcial o a tiempo completo, mientras nosotros solo soñábamos con ello.

Si ellos pudieron hacerlo, ¿por qué nosotros no?

Quiero decir, ellos eran personas normales y corrientes que vivían sus días como seres humanos comunes mientras se divertían haciendo lo que les apasionaba.

Después de analizarnos detenidamente, nada en nosotros parecía destacar particularmente.

Éramos, en un sentido estricto: una pareja común con una vida normal.

¿Cuál era entonces la diferencia entre ellos y nosotros? ¿Qué tipo de acuerdo pudieron haber llegado esa gente con el dios de la suerte?

Bueno, para empezar, decidieron invertir tiempo, energía y recursos, aunque fuera un poco de vez en cuando.

La conclusión: decidieron hacer algo al respecto, no sólo fantaseaban.

El hecho de que éramos personas normales fue una buena noticia para nosotros: significaba que cualesquiera que fueran los principios de éxito que otros estuvieran aplicando, nosotros también podíamos hacerlo.

Podíamos aprovechar la regla de los promedios y construir nuestra vida a partir de ahí para vivir una vida plena sin descuidar nuestros dones.

Significaba que había una manera de fabricar nuestra propia suerte.

100 libras sobre nuestros hombros

Entre los pasos más importantes para nosotros al tomar la decisión de iniciar nuestro propio negocio de arte, fue dejar de mentirnos a nosotros mismos tratando de ser alguien que no éramos.

No queríamos seguir haciendo cosas que no nos gustaban o que no coincidían con nuestros valores por el bien de…. ¿qué o quién exactamente?

En mi caso, pude conseguir un trabajo en un banco hipotecario, porque supuestamente quería estar en el sector inmobiliario y ese trabajo podría abrirme algunas puertas, lo que me hubiera ayudado a seguir los pasos de algunos de los gurús que había visto en Youtube.

Ciertamente, el trabajo me abrió algunas puertas.

Cuando abrí las puertas, encontré ansiedad, depresión, miedo y una sombra de mí mismo. No mi verdadero yo.

Estaba tratando de fingir ser otra persona, fingir que me gustaba esa industria en particular y fingir que siempre fue mi sueño, cuando no lo era, tal vez para otros, pero no para mí.

Ya no podía reconocerme a mí mismo.

Esa experiencia me causó mucho dolor emocional, lo que impactó negativamente mi matrimonio.

Finalmente, después de decidir que íbamos a hacer esto, dejé el trabajo en la industria hipotecaria y tomé otro que podría ayudarme a financiar nuestro nuevo objetivo sin que añadiera más presión a mi rutina diaria. 

Kimberly también tuvo una buena cantidad de retos emocionales.

Para ella no había nada más decepcionante que estar en la carrera de la rata, la de trabajar para simplemente pagar cuentas sin ninguna dirección en la vida y tratar de actuar como si todo estuviera bien cuando no lo estaba.

“¿Cuál era el propósito de todo esto? ¿Cuándo se volvió la vida tan... aburrida y sin propósito?

Ella me planteó su preocupación muchas veces de una forma u otra: “¿Es esto lo que voy a hacer el resto de mi vida: vivir para trabajar, no trabajar para vivir?".

Ella sabía que se estaba negando el gozo de utilizar su don en las artes al no hacer nada con él.

Sin embargo, después de decidir que comenzaríamos un negocio de arte su forma de pensar y su bienestar emocional cambiaron por completo.

Kimberly comenzó a considerar su trabajo como un medio para lograr algo más grande en su vida, no como un fin en sí mismo.

Su trabajo se convirtió en una herramienta para financiar su sueño de ser artista. Ella había encontrado esperanza nuevamente.

El Jardín de los Dones

Hay cosas que están destinadas a crecer, y otras no.

Aquellas cosas que estén destinadas a crecer, se les debe nutrir lo suficiente como para que puedan cumplir su objetivo de crecer y producir ciertos resultados.

De lo contrario, se les considera enfermo, podrido o, peor aún, muerto.

Creemos que los dones están destinados a crecer y a producir.

El don de un artista es el de utilizar su alta sensibilidad para hacer arte en cualquiera de sus diferentes formas.

Después de que Kimberly y yo decidimos abandonar la escuela de arte y dejar la isla para mudarnos a los Estados Unidos (incluso cuando regresamos a Puerto Rico) el arte era algo de lo que no hablábamos mucho.

Empujámos nuestros dones creativos a un rincón muy profundo de nuestro ser para adaptarnos a la vida de adultos y los desafíos que eso conlleva.

Día tras día trabajamos muy duro para construir un estilo de vida modesto y exitoso, pero con una base muy débil.

Nos concentramos demasiado en las cosas que teníamos o no teníamos, pero no en nuestro interior y en si nos sentíamos realizados o no como individuos y como una pareja casada.

Como nuestros dones no estaban siendo nutridos, comenzaron a pudrirse.

Y como bien sabes, cuando las cosas empiezan a pudrirse, tienden a apestar e impactar negativamente las cosas que las rodean.

Eso es lo que nos estaba pasando al dejar descuidar nuestros dones creativos: empezó a afectar otras áreas de nuestras vidas de forma indirecta.

Al ignorarlo, el problema se hacía cada vez más y más grande.

Comenzámos a sentir ansiedad por el futuro. No teníamos un propósito claro. No habían razones para tener esperanza. Las contradicciones dentro de nosotros mismos nos hacían sentir que vivíamos una falsa.

Básicamente, sentíamos que estábamos desperdiciando nuestras vidas…

La decisión de hacer más arte conscientemente y comenzar nuestro propio negocio de arte nos ayudó a comprender que cada uno de nosotros tenemos el derecho y (hasta cierto punto) una obligación de nutrir nuestro propio jardín de dones, cualesquiera que sean.

No debería importarte qué tipo de dones tengas, impresionantes o no, grandes o pequeños, raros o comunes. Si tienes un don, aliméntalo y regocíjate en lo que produce.

A todos nos dieron unos dones para hacer algo con ellos, no para dejarlos morir.

El pedazo de papel verde

Recuerdo estar en la escuela de arte y mirar el itinerario donde se mostraban las clases de los próximos cuatro años y pensar: "¿Dónde está la clase de arte empresarial, ya sabes, la clase donde aprendes a ganar dinero con tu arte?" .

Bueno, cuando finalmente tuve la oportunidad de tomar la clase, me sentí decepcionado.

La clase se sintió muy anticuada y no nos enseñó nada sobre cómo la Internet, las redes sociales, el marketing online, etc., podrían ser una herramienta para ayudarnos a vivir de nuestro arte, encontrar un trabajo o iniciar nuestro propio negocio de arte.

Yo era muy ignorante en ese momento, pero recuerdo haber pensado: “Bueno, si así se gana dinero con el arte, estamos destinados a la miseria”. Al menos esa fue la impresión que tuve.

Fue entonces cuando comencé a pensar en cómo podría ganar mucho dinero.

Y después de investigar un poco, dos cosas quedaron claras: un trabajo de 9 a 5 no me dará mucho dinero, no en los términos que yo quería; en segundo lugar, construir un negocio era el camino a seguir.

En cuanto al arte, no pude encontrar ninguna conexión entre el dinero y el arte, así que abandoné la universidad para irme a los Estados Unidos en busca de mi gran oportunidad.

Kimberly sintió lo mismo, que de alguna manera, la escuela de arte estaba demasiado enfocada en la creación de arte, las técnicas y los procesos, pero se olvidó de enseñarnos  habilidades del mundo real que pudiera ayudarnos a compartir nuestro conocimiento sobre las artes con los demás y generar ingresos al mismo tiempo.

Después de todo, con algo teníamos que pagar nuestras facturas y deudas... 

Luego de aprender algunas cosas ya de adultos, y cómo la Internet puede ser una herramienta extremademente útil para esos que quisieran emprender de alguna forma u otra, ahora sabemos que es posible generar papel verde con las artes, o básicamente con cualquier pasión o interés que puedas tener. 

Por el momento, nuestro nuevo objetivo es financiar nuestro sueño de operar un negocio de arte exitoso con los ingresos que obtenemos de nuestros trabajos regulares hasta el punto en que nuestros ingresos del trabajo ya no sean necesarios y podamos ser artistas de tiempo completo.

Sin poder retroceder en el tiempo

Ahora tenemos casi treinta años, pero ayer teníamos diecisiete. Ibamos a la universidad y nos gozábamos la emocionante vida de un estudiante universitario: libertad, aventuras, romance, amistad, rebelión, la actitud de 'lo sé todo'

No podemos recordar en qué momento nos hicimos adultos.

Rutinas, trabajos, facturas, seguro médico, tareas del hogar, ir al mecánico…

Todo fue tan repentino.

Cuando mirámos hacia atrás, mi esposa y yo sabemos que hubo cosas que debimos haber hecho, decisiones que debimos haber tomado…

La época de nuestra juventud es ahora un recuerdo agridulce.

Es seguro asumir que este mismo fenómeno sobre el paso del tiempo volverá a ocurrir cuando seamos mucho mayores.

Mirarémos hacia atrás y nos preguntaremos nuevamente: “¿Cómo llegamos aquí?”, “¿Adónde se fue todo el tiempo que tuvimos para disfrutar la vida?”.

Si cuando estemos en nuestros años dorados, miramos hacia atrás y lo único que vemos es un montón de metas y sueños incumplidos, creo que el resentimiento y el arrepentimiento definitivamente harán que nuestros últimos momentos de vida sean miserables.

Hay un remedio, y en mi opinión sólo uno, que puede ayudarnos a luchar contra el paso del tiempo: aprovechar al máximo nuestro presente y cumplir el propósito de vida que llevamos dentro de nosotros.

Dado que el presente es la única parte del tiempo en la que podemos influir directamente, en algún momento deberíamos detenernos y preguntarnos: "¿Qué es exactamente lo que quiero lograr en la vida antes de que sea demasiado tarde?", "¿Estoy haciendo con mi limitado tiempo en la Tierra las cosas que quiero hacer?”, “¿Qué puedo hacer hoy que me haga sentir más realizado y le dé sentido a mi vida?”. 

Esas fueron algunas de las preguntas que nos hicimos mi esposa y yo.

Y entre las cosas de las que hablámos, surgió el tema del arte, y cuánto queríamos hacer arte y convertirnos en artistas profesionales, sin importar los sacrificios que tuviéramos que tomar.

La idea de ser artistas profesionales era estimulante y aterradora al mismo tiempo.

O sea, ¿qué pasaría si a nadie le gusta nuestro arte? ¿Y si nunca terminámos vendiendo una sola obra de arte? ¿Y si nuestro arte no es tan bueno? ¿Y si... y si... y si...?

Entonces pensamos qué sería lo peor que puede pasar...

¿Qué tenía de malo darnos la oportunidad de aprovechar el presente e intentarlo?

Otros pueden hacerlo, ¿por qué nosotros no? Nunca sabremos lo que pudo haber pasado hasta que lo hayamos intentado.

Estuvimos de acuerdo que lo peor que podría pasar es que seamos tan malos haciendo arte, que seguramente sepamos que no es para nosotros.

Ahora bien, si somos positivos, eso nos daría la paz mental de que al menos hicimos lo mejor que pudimos, sabiendo que podemos elegir otro camino en la vida sin ningún arrepentimiento o, bueno, seguir practicando y mejorar.

En cualquier caso, nos sentiríamos satisfechos con nuestras vidas.

La conclusión a la que mi esposa y yo llegámos es la siguiente: queríamos asegurarnos de que cuando nos volviéramos muy viejos y sin poder hacer mucho por nosotros mismos, pudiéramos mirarnos el uno al otro con la cabeza en alto y decir con una sonrisa: "Le dimos a la vida todo lo que pudimos darle".

Conclusión

Creo que todos tenemos la tendencia a pensar en nosotros mismos y en nuestros desafíos como algo único y diferente de los demás.

Pero, ¿acaso me vas a decir que tu situación es tan única que no podríamos encontrar a nadie más en el mundo que esté pasando por lo mismo que tú,  similar,  o peor, y que fue capaz de superar sus desafíos, del cual pudiéses aprender algo?

Lo más probable es que no seas tan especial.

Independientemente de la mala impresión que esto pueda causarte, en realidad es algo positivo.

Reconocer que no eres especial significa reconocer que no estás solo, y que si otros pudieron superar sus desafíos y cumplir su propósito, tú también puedes hacerlo.

Como aspirante a ser un profesional, dueño de negocio, o simplemente si eres alguien que está pensando en perseguir sus sueños, recuerda que te enfrentarás con problemas. 

¿Y qué hay con eso?

Nuevamente: ¿qué hay de malo en darte a ti mismo la oportunidad de intentarlo?

Al fin de cuentas, los problemas están en todas partes y en todos los niveles.

Así que no es acerca de evitar los problemas sino de elegir aquellos que valgan la pena superar. 

Finalmente, si solo recuerdas una cosa de nuestra historia, ya seas artista o no, que sea esto: toma acción antes de que sea demasiado tarde. 

 

Autor: Jason Berberena

Artista visual y co-fundador de Kreation Artzone. 

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